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Patología lingual

PATOLOGÍA LINGUAL

El odontólogo es el especialista encargado del diagnóstico, tratamiento y prevención de las enfermedades del aparato estomatognático. Esto incluye tanto los tejidos duros de la boca (dientes, huesos de los maxilares y articulación temporomandibular) como los blandos (labios, lengua, glándulas, mucosa oral…).

Habitualmente, prestamos mucha atención al aspecto de nuestros dientes. Nos preocupa principalmente no tener caries, que los dientes no nos duelan. Buscamos constantemente unos dientes que sean blancos y grandes, y que estén en una correcta posición, que nos permita masticar y sonreír sin complejos.

Hoy vamos a prestar atención a una parte muy importante de nuestra boca que suele pasar desapercibida. Se trata de la lengua, un órgano móvil que nos permite desempeñar importantes funciones, desde la deglución hasta el habla, pasando por el sentido del gusto, gracias a las glándulas salivales.

La lengua, que tiene forma de V, consta de distintas partes. Hagamos una pequeña introducción a su anatomía:

1. La cara superior de la lengua o dorso lingual es donde encontramos las papilas gustativas. Suele ser una superficie lisa. Tiene una serie de surcos congénitos que con la edad se van marcando más y diferenciado a unos individuos de otros. Como dato curioso apuntar que la impresión de la huella del dorso lingual es única en cada persona, de modo que puede servir para identificar a dos individuos. El dorso lingual consta de distintos tipos de papilas gustativas: filiformes (son unos receptores sensoriales de forma cónica o cilíndrica, localizados sobre toda la superficie de la lengua. Son las papilas más abundantes y sorprendentemente no están asociadas a la recepción de gusto, sino que tienen función térmica y táctil), caliciformes (son las papilas más voluminosas y las menos abundantes. Se localizan en la zona posterior de la lengua formando una V. Son las encargadas de que percibamos el gusto amargo y el ácido), las fungiformes (tienen forma de hongo y se localizan por toda la superficie lingual, principalmente por delante de la V lengua. Tienen un color rojizo debido a los vasos sanguíneos que las irrigan. Son las receptoras del sabor dulce), y por último las papilas foliadas (son unos pequeños pliegues laterales que se localizan en los laterales de la lengua y algunas en el dorso posterior. Son las encargadas de captar el gusto salado).

Es curioso saber que cuando nacemos tenemos papilas por toda la boca, y conforme vamos envejeciendo van desapareciendo y quedando únicamente las que se encuentran en la lengua, que llegan a ser unas diez mil papilas gustativas.

2. La cara inferior o suelo de boca es el lugar donde encontramos el frenillo lingual, un pequeño tejido encargado de limitar los movimientos de la lengua. También encontramos los orificios de salida de las glándulas salivales sublinguales y submandibulares, así como las venas de color azulado que irrigan el órgano.

3. Los bordes linguales, es decir, las caras laterales de la lengua, zona que está en contacto con los dientes.

4. El vértice lingual o la punta de la lengua, encargada de ayudar en la masticación.

5. La base de la lengua, con el hueso hiodes y con sus 17 músculos que la conforman haciendo de ella el órgano más flexible y fuerte de nuestro cuerpo.

El color de la lengua puede decir mucho sobre el estado de salud de una persona. Una lengua rosada en síntoma de buen estado de salud. Una lengua blanca puede indicar presencia de hongos. Una lengua amarillenta algún problema estomacal, o una lengua roja estar asociada a dolor de garganta y fiebre. En ocasiones acuden a la clínica pacientes que se sorprenden al observar de repente la forma o el color de su lengua.

Ya conociendo un poco la anatomía de la lengua vamos a ver una serie de patologías linguales que existen y que deben ser diagnosticadas por un especialista. Todas provocan preocupación en el paciente que las descubre por primera vez. Algunas de ellas no suele tener síntomas, por eso su descubrimiento suele ser de manera casual. Son benignas pero debido a que pueden provocar alguna molestia o
sobreinfección es aconsejable ponerse en manos de un odontólogo.

En primer lugar hablaremos de la lengua fisurada. El paciente que padezca esta patología observará en el dorso lingual unas grietas bastantes pronunciadas, que son más evidentes y numerosas que en una lengua normal. Suele producir halitosis debido al acúmulo de restos de comida y placa en estos surcos. Esta acumulación de restos conllevará una proliferación de bacterias y hongos, que debe ser tratada.
Esta lengua fisurada la padecen entre el 5 y el 7% de la población normal. La frecuencia tiende a ser mayor en pacientes con síndromes (síndrome Melkersson-Rosenthal, Síndrome Cowden, Síndrome Down…) y frecuentemente va asociada con la lengua geográfica, que veremos más tarde.

Se trata de malformaciones del desarrollo determinadas genéticamente y que rara vez se manifiestan en la infancia. Clínicamente suele haber una fisura central anteroposterior en la lengua, acompañada de unas fisuras laterales más pequeñas. No produce molestias, solo en caso de que sobre estas fisuras se acumulen restos de alimentos que puedan provocar inflamación.

En cuanto al tratamiento debemos tener una higiene dental y lingual cuidadosa, y acudir a nuestro dentista de confianza para que lo trate en caso de que se infecte. Viene bien ayudarse de un limpiador lingual y de colutorios específicos que podemos obtener en nuestra farmacia.

Ya hemos comentado que la lengua fisurada puede ir asociada a otra patología, la lengua geográfica. Se denomina así debido a que se trata de una lesión que va cambiando de localización dentro del dorso lingual. Tiene un borde blanquecino poco sobreelevado. La causa de su aparición es desconocida, aunque se dice que frecuentemente está asociada a la ansiedad y la tensión emotiva.

Afecta de entre un 1-2% de la población. Su frecuencia aumenta en pacientes con atopias, enfermedades alérgicas, psoriasis, dermatitis seborreica, bronquitis espasmódica. Clínicamente se observa una placa de color rojo, lisa, brillante, en el dorso de la lengua que corresponde a un área de pérdida de las papilas filiformes. Tiene un carácter migratorio variante. Cambian de posición, forma y tamaño. Son asintomáticas o, como mucho, dan sensación quemante, escozor o picor. En caso de que exista molestia se debe acudir al especialista para que nos paute un enjuague.

Siguiendo con las patologías linguales encontramos la glositis romboidal medial. Se trata de una patología producida por el hongo cándida. Aparece en el centro de la lengua y es rara (<1% de la población). Es más frecuente en varones. Puede ser consecuencia de una infección crónica por cándida albicans, favorecida por el tabaco, traumatismos o prótesis dentales. Al deberse a una infección de larga evolución va a tener un tratamiento difícil. Clínicamente encontraremos un área rojiza y generalmente en forma romboidal en la línea media del dorso de la lengua, por delante de las papilas caliciformes.

Como ya hemos adelantado el tratamiento es costoso. En pacientes fumadores interesa dejar de fumar, además se deben eliminar los agentes irritantes, y se pautaran tratamientos prolongados durante meses con los antifúngicos tópicos que nos paute nuestro dentista. Los pacientes inmunodeprimidos van a requerir de tratamiento antifúngico por vía general, por eso es importante acudir al especialista.

La lengua vellosa es una hipertrofia de las papilas filiformes del dorso de la lengua, que se alargan dando aspecto de pequeños pelos con una coloración blanco-amarillenta o negra. Puede deberse a múltiples factores: enfermedades, a la alimentación, a medicación que este tomando el paciente, incluso a colutorios, tabaco, o problemas gastrointestinales.
Hay que tener en cuenta que este sobrecrecimiento de las papilas linguales puede favorecer la infección por baterías o por hongos lo que traerá consigo halitosis, incluso quemazón lingual. Para tratarlo se deben eliminar los factores que lo han provocado (tabaco, medicación, agentes tópicos…) y se requiere de una buena higiene, cepillado y descamación de estas papilas. En caso de que sea necesario tratamiento farmacológico deberá ser pautado por el especialista previo diagnóstico.

Ahora vamos a hablar de una patología relativamente común, como es el caso de la lengua dentada. Se trata de lenguas en las que visualizamos marcas de dientes en sus bordes laterales. Generalmente es debida a excesiva presión de los dientes sobre la lengua, bien por problemas de espacio, debido a lenguas grandes o malposiciones dentales, o bien por ansiedad del paciente. La encontraremos en pacientes estresados, nerviosos, pacientes con macroglosia (lengua más grande de lo normal), pacientes con cara estrecha…

El apretamiento de los dientes contra la lengua producirá escozor, ardor, dolor en la punta lingual. El paciente busca alivio ante ese escozor y malestar de modo que tenderá a rozar la lengua contra los dientes. Es un círculo vicioso. El tratamiento pasará por tranquilizar al paciente, pulir los bordes de los dientes, y en caso necesario férulas nocturnas, siempre pautado por un especialista.

Por último vamos a tratar la hipertrofia de papilas foliáceas. Como hemos comentado anteriormente tenemos cuatro tipos de papilas gustativas en el dorso lingual. Entre ellas encontramos las papilas foliáceas localizadas en la zona del dorso lateral posterior de la lengua. Su hipertrofia se produce por un acúmulo de tejido linfoide en las papilas foliáceas. Es un sobrecrecimiento que no hay que biopsiar jamás.

Estas papilas foliáceas se irritan y aumentan de tamaño por procesos generales (infecciones en las vías respiratorias) o bien por procesos locales (por algún factor irritativo, roces con dientes malposicionados, con prótesis dentales…). Son agregados de tejido linfoide que se afectan por los mismo procesos que los ganglios linfáticos del resto del organismo. Es una hipertrofia reversible. Clínicamente no hay molestias. En ocasiones puede llegar a cursar con escozor, y puede dar lugar a gran preocupación por parte del paciente debido a que el sobrecrecimiento de las papilas alarma al paciente produciendo incluso cancerofobia. El tratamiento pasa por tranquilizar al paciente, eliminar los factores que causen irritación (si es un proceso general curar la infección; si es un proceso localizado eliminar el factor irritativo) y realizar revisiones periódicas.

No nos cabe duda de lo importante que es acudir a nuestro dentista ante un problema dental, pero debemos tener en cuenta que en la boca tenemos más que dientes. Debemos revisarnos anualmente, y ante cualquier duda concertar una cita con nuestro odontólogo y recordar que lo importante siempre es prevenir.

Para un correcto cuidado de nuestra lengua debemos aprender a cepillarla. La lengua acumula la mayor parte de las bacterias de nuestra boca. Es el elemento central de nuestra cavidad oral y los restos de alimentos, tal y como ya hemos comentado, se adhieren a ella. Si la lengua no se limpia adecuadamente con productos específicos se formara sobre ella una fina película que albergará los microorganismos que provocarán el mal aliento.
Si a pesar de realizar un buen cepillado y usar incluso la seda dental persiste el mal aliento seguramente es porque necesitamos incorporar un nuevo elemento a nuestra higiene diaria: el limpiador o raspador lingual.
Es un elemento diseñado específicamente para el cuidado de la lengua, tanto el dorso como la parte posterior. Actualmente lo encontramos tanto en farmacias como en grandes superficies comerciales o incluso por internet. Los rascadores linguales son muy económicos y no hace falta cambiarlo con la misma frecuencia que el cepillo de dientes, sino que puede durarnos años.

¿Cómo utilizar el raspador? Debemos raspar la lengua suavemente con movimientos desde la base de la lengua hacia la punta de la misma. Además debemos pasar el limpiador también por los bordes laterales de la lengua y finalmente limpiarlo bien con agua y jabón antes de guardarlo.
Los cepillos eléctricos actuales ofrecen la opción de incorporarles un cabezal con la función de rascador lingual. La limpieza de la lengua deberíamos hacerla al menos una vez al día, tras el cepillado de la noche. Lo ideal es cepillarse los dientes y tras esto pasarnos el hilo dental por las superficies interproximales de los dientes para después limpiar la lengua con el rascador y finalizar enjuagándonos con un colutorio adecuado. De este modo habremos llevado a cabo una completa higiene antes de irnos a dormir y mantendremos a raya las bacterias y el mal aliento.

Jessica Lorente.

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